Llevo como algo mas de un mes para publicar esta entrada, entre pitos y flautas, unas cosas y otras, se pospone el asunto, pero nunca es tarde si la dicha es buena, o al menos eso creo, después de darme una vuelta por las inmediaciones de Peña Muñana, concretamente por su cara este, la más castigada por el incendio forestal del pasado año en mi pueblo, fecha por desgracia inolvidable debido al grandísimo impacto medioambiental y económico que causó, y sentimental también, no lo olvidemos, si olvidamos la historia, estamos condenados a repetirla. Pero vamos al «grano», que es lo que nos interesa. La naturaleza ha empezado a hacer su trabajo después de un año, solamente hay que dejarla actuar para ver con una grandísima alegría como están brotando los pinos y las encinas de forma totalmente natural, alguna cornicabra y nuestra autóctona jara pringosa.

Es sorprendente ver como se regeneran ciertas zonas de forma natural, además es de vital importancia dar tiempo y esperar de un modo prudencial después de un incendio forestal al momento de pasar a la fase de repoblación del lugar en cuestión, ya que a veces se regeneran las zonas afectadas naturalmente, ahorrándose trabajo, tiempo y dinero que muchas veces se emplea y no da el resultado esperado, ya que a veces la incidente mano del hombre perjudica una zona por el afán de regenerar todo.

El afán de repoblar para recuperar una zona introduciendo especies de rápido crecimiento a veces no es la solución definitiva, ya que cada especie se aclimata a su hábitat, como puede ser el castaño (Castanea sativa), que requiere de sombra y humedad, o el eucalipto (Eucalyptus l,hér), que necesita mucha humedad, son dos especies de crecimiento rápido, pero que no servirían en zonas más secas y / o áridas. Un claro ejemplo es el pino canario (Pinus canariensis), una especie endémica de las Islas Canarias que se intentó reintroducir en la Península debido a su resistencia a los incendios forestales, gracias a la gruesa corteza de su tronco aislándoles del calor, además de rebrotar con facilidad, idea que por supuesto no funcionó, es por ello de vital importancia dejar que la naturaleza actúe, es la que dictará lo que se puede repoblar en ciertas zonas en un futuro de unos dos o tres años después de un incendio.

Con ello no estoy diciendo que la reforestación no sea necesaria, en ciertas zonas se puede y se debe ayudar con estas técnicas, incluso con plantas tapizantes para evitar la erosión del suelo, y no perder los nutrientes del terreno, importantísimos para la vida vegetal.

Otro punto a tener en cuenta es valorar este tipo de zonas que se regeneran de manera natural, limitando el acceso a las mismas a vehículos, ganado y personas no autorizadas, para poder preservar lo que ya se está regenerando, esta acción ahorra mucho trabajo y dinero en un futuro.

La reforestación es muy necesaria, pero sin interferir en la acción de la naturaleza.
Yo lo que no entiendo es el afán por repoblar con especies (animales o vegetales) de otros lugares, está comprobado que lo menos malo que suele suceder, es que no funcionen, y si son aves, peces o mamíferos, suele ser desastroso
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Así es, a ver si vamos aprendiendo que la naturaleza es muy sabia, a pesar de que nos creamos los dueños y señores del mundo. Un abrazo Aquilino!
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